Este año cumplo 70...
Nací a mediados de los 50, inicié mi escolarización en los 60, la escuela fue un descubrimiento maravilloso, se abría un mundo fantástico...Juana,en la voz de mis maestras, Platero deambulando por los atardeceres morados de Maguer, la lluvia y los campos vírgenes de Morosoli y la poesía que ya se abría camino en mi corazón, y el encuentro con las niñas, Susanita, tan rubia, un ser casi mágico, con sus impecables delantales almidonados y su risa cristalina, fue amor inmediato, y ese niño frágil se volvió más silencio, solo tenía ojos para ese ser extraño, tan perfecto que parecía salido de los álbumes de cromos cuajados de brillantina, que competía en belleza con las hadas y las princesas...Todo era tan transparente y silencioso, el tiempo era eterno, las siestas duraban siglos, los inviernos eran crudos, blancos de heladas iridiscentes y gripes que me confinaban semanas enteras en la cama de colchón de lana, con sensación de nido... , los 70, el viejo Liceo, la urgencia de saber más, París en la voz y el glamur de mis amadas Madame Ripoll, Isabel, tan joven, Gladys, un ser especial, tres versiones del francés, por primera vez me sentí orgulloso de mi "r", ese fonema que mi garganta arrastraba para desesperación de mis compañeros...y tantos ejemplos de grandeza, la elegancia casi caballerezca de mi profe de español, tenía algo del quijote cuando leía con sus enormes bigotes puntiagudos, la vívida mirada histórica de Olga, maestra de vida, la voz creando mundos siderales de Marujita, yo nunca pude ver nada en en telescopio pero lo veía o más bien lo imaginaba a través de sus descripciones, el portuñol de los cuentos del Pluscuamperfecto, que la Señora Mercedes Irigoyen de Fitgeral nos leía en algún recreo de un día lluvioso...y llegó Tercero y el encuentro con la Literatura en la voz y la dicción perfecta de Rina, escuchándola a ella, me di cuenta que eso era lo que yo quería hacer...
Cuando empezaba a estrenar mis veinte años, el universo me regaló a mi amada Alicia, todo estaba preparado para ese encuentro...yo creo que de alguna forma ya lo sabíamos, porque todo fue tan simple, tan natural... Comenzamos nuestra vida de adultos...
Éramos conscientes que la vida apuraba y había que prepararse, conseguir herramientas para enfrentar el futuro, tan incierto y desafiante. Desde siempre supimos, no más mirarnos a los ojos que éramos el uno para el otro y había un hilo invisible, algo que nos mantenía perfectamente unidos, sincronizadas nuestras almas, caminábamos hacia la misma meta, en la misma dirección, muy conscientes de nuestra responsabilidad humana, porque ya sabíamos que con nosotros dos adolescentes frágiles y soñadores, también venía una familia, un hogar, al que bendijeron nuestros ancestros desde otros tiempos y otros mares, porque seríamos la culminación de generaciones buscando la misma meta: una familia unida donde el amor era el único motor que movería nuestro mundo.
Éramos tan pobres, pero tan ricos en sueños! Vivíamos con tan poco! con la firme creencia de que Dios proveerá, como los lirios del campo de Mateo 6. 28 y todo se nos dio por añadidura, una gran familia, nuestra amada Spes, casi veinticinco años de amor...
Nos teníamos el uno al otro, y eso bastaba...pero luego el cataclismo removió hasta los cimientos nuestro pequeño mundo, apareció la muerte y te llevó sin piedad y nos quedamos vacíos, sin norte en la noche más oscura y solo fue el dolor de no tenerte y no entender ya más nada...